Etapa 3

Arrecifes – La Carlota (Córdoba), Jueves 10/01/2002

 

La jornada comenzó un poco desordenadamente. Pesaban la sucesión de desperfectos mecánicos, que hacían ver como muy difícil y lejano el objetivo de llegar hasta Santiago de Chile.

A poco de avanzar, el Isetta de Ariel Canedo volvió a tener problemas de transmisión, por lo que debió parar y ser llevado a un taller para su reparación. El resto siguió 50 Km. hasta Pergamino, donde algunos aprovecharon para comprar cables y capuchones de bujía, cables de comando y otras cosas.

De allí en más, se adoptó la siguiente norma : La caravana sigue adelante, manteniendo contacto visual, y los equipos de comunicación servirían para avisar, en caso de que alguien parase, si el desperfecto era de fácil resolución o no. Al menos una de las unidades de respaldo (la kombi o el Chevrolet Montecarlo) se quedarían para acompañar al rezagado, quien luego retomaría viaje para alcanzar al resto en la próxima parada. Esta mecánica se siguió hasta el final del raid y ayudó enormemente a hacer la travesía más dinámica y fluida.

La próxima parada fue en Colón, en el límite con Santa Fe, alrededor de la una de la tarde. Aquí se cargó combustible. Los uruguayos agregaban un aditivo reemplazante de plomo (ya que en su país las naftas todavía son con plomo) mientras yo seguía con mi costumbre, adoptada desde las épocas del primer ablande del motor, de agregarle 1% de aceite 2T a la nafta. Mis compañeros primero veían con extrañeza esta práctica pero luego terminaron adoptándola, en especial más adelante, cuando el esfuerzo para trepar las montañas sería máximo.

Se hizo una corta parada en un recreo municipal con pileta y un lago artificial. La partida se programó para las 14:30 y esta vez no hubo retrasos.

Próximo objetivo : Venado Tuerto (Santa Fé). El calor arreciaba, y eran comunes las paradas por falta de combustible. Esto les ocurrió a todos los Isettas, al parecer el intenso calor provocaba evaporaciones del combustible y por ello no bajaba suficiente hasta el carburador. Por suerte estas paradas no eran muy prolongadas, sólo se “purgaba” el filtro.

La velocidad crucero se estableció en 60 – 65 Km/Hora, aunque casi siempre los punteros se distanciaban un poco del resto de la caravana.

La llegada a Venado Tuerto fue sin mayores problemas. Allí me comuniqué con la gente de Mendoza, quienes estaban listos para esperar a los raidistas chilenos que, como luego sabríamos, llegarían a esa ciudad a las 18:45 provenientes de Uspallata.

Un rato más tarde emprendimos el trayecto Venado Tuerto – La Carlota (Córdoba), un tirón de 133 Km. que nos llevó casi tres horas de viaje continuo aunque sin complicaciones. Allí procedimos a revisar nuestros Isettas.

Alrededor de las 10 de la noche recibí la cálida visita de un compañero del Club : Alejandro Acha, quien se tomó la molestia de viajar en su auto particular para venir a verme y traerme una bandera argentina.

La cena transcurrió entre anécdotas y bromas con Alejandro y un grupo de mis compañeros de viaje a quienes el sueño aún no había vencido. Luego a dormir, nuevamente en hotel, y a aprovechar las pocas horas de sueño disponibles con vistas al viaje que teníamos por delante.

Esta etapa, como se diría en el Ejército, “Levantó la moral de la tropa” porque se hicieron muchos kilómetros y se logró un orden y una mecánica de conducción, la que con muy pocos altibajos duraría hasta el final del raid.

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